18th abr2013

El problema alimenticio cárnico, con consecuencias económicas y productivas -respecto a la demanda-; problema esencial de ello: el dinero.

by José Alberto Díaz Valero (4º A)

Para empezar este artículo, me parece adecuado expresar, en primera instancia, mi opinión: posición negativa frente a la concesión de derechos a los animales, pero la segunda opción, es decir, la más moderada. Aquélla que reflexiona sobre la subjetividad ética de los animales y determina su ignorancia en este aspecto; pues, arguye que éstos no pueden tener un contrato con nosotros ya que estamos en desigualdad -puede que no seamos superiores, pero sí somos, a mi parecer, distintos y no podemos poseer una comunicación clara entre ambas partes, convirtiéndose en un pacto unilateral, algo inviable-; confirmando que lo único posible con éstos es el trato, el juicio personal sobre su vulnerabilidad. Aplicándonos una culpabilidad si nos comportamos incorrectamente, en nuestro parecer, con ellos (conciencia). Por último, sobre esta faceta, cabe destacar que la violencia hacia los animales por diversión o regocijo propio nos deshumaniza y condiciona para poder realizarlo igualmente con nuestros iguales (como dato: muchos sicópatas comienzas sus andares criminales con el maltrato animal).

Ya expuesta mi opinión personal, después de esta pequeña introducción, abordaré el tema del consumo cárnico excesivo de la sociedad moderna, propiciando la industrialización de las granjas con sus consiguientes restricciones salubres respecto a los animales, dando pie a estampas tan desagradables como las vistas en clase o las de la diapositiva colgada en la página web; tema que me parece el más interesante y profundo posibilitado.

Yo reconozco ser un firme consumidor de productos industriales, al ser que, por motivos económicos, mi madre siempre compra según la mejor oferta, cosa que imposibilita el posible consumo de producto ecológicos. Y al contar esto, una gran mayoría de las personas da una respuesta similar: <<Y ¿por qué no compras los ecológicos? Tampoco son tan caros.>> Y aquí viene el quid de todo el asunto abordado: no hay que preguntarse si gastar más o menos por un bien; si no, ¿hemos de pagar por un bien a través de algo insustancial: el dinero?

Claro que debemos valorar las cosas, pero, para mí, me apresuro a decir que el dinero está obsoleto. Se construyó tal mentira y ficción de algo inmaterial que ahora atemoriza destruir la edificación, se piensa que ésta es la base (siéndolo realmente en un mundo capitalista), mas no lo es en un mundo mejor moralmente. ¿Alternativas? Sinceramente, no las sé específicamente; hay cabida para el retorno del trueque más sofisticado, justo y preciso. Pero no se puede sostener bajo algo inservible materialmente toda la materia del planeta: de absurdidad lo tildo.

¿Cómo repercute tal y compleja incógnita en los derechos de los animales -os preguntaréis-? Consideramos materia los animales y sus usos, ¿no? Pues, ¿por qué pagar por algo beneficioso -la producción ecológica- más que por algo maligno -la producción industrial? Claro, ahora podríamos respaldarnos en todos esos argumentos capitalistas y comunicar que la producción e inversión son más costosas y esto aumenta el precio; pero ¿dónde está la humildad de la que tanto presumimos, la que, en teoría, cuando nos preguntan, poseemos todos -al menos eso responde la mayoría-? Si, aunque sea una precipitación, comienza el mundo colaborar entre sí, establecidos los tratos comerciales, ¿por qué no retirar el dinero de estos enlaces y dejar que éstos fluyan de por sí, ya asentados, como hasta ahora van siendo suficientes; transformándose en un verdad intercambio capital -material-, no económico -inmaterial-?

Sólo pido una cosa: reflexionadlo; yo lo hago y me quedo asombrado de los sinsentidos que hallo entremedio.

Ahora bien, todo esto será inviable si fallamos en la primera cuestión aparente: ¿estamos dispuestos a reducir nuestro consumo -tanto alimenticio como los otros apartados del comercio- para lograr una repartición más equitativa y menos abundante -más ajustada a la necesidad- entre todos? Éste es el primer paso a dar.

Pues, preguntémonos: ¿renunciarás a tu McDonald´s para conseguir el abasto de los países subdesarrollados y la mejora en el trato de los animales destinados al consumo? ¡Saquemos la humildad de la que nos codeamos!

Si emprendemos esta iniciativa, a mi respecto, solventaremos, muy probablemente, el asunto de la producción ecológica excesivamente cara para las familias con pocos recursos. Y, además, será un bien para el trato hacia el animal, ¡no contrato!

Producto ecológico.

José Alberto.

 

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