21st Mai2013

¡LA UNIÓN HARÁ LA FUERZA!

by Jorge Cabrera Crespo

Éramos un rebaño de ovejas siempre dirigidas por un pastor acompañado en todo momento de un perro. El pastor y el perro siempre nos vigilaban.

Crecí allí y sé perfectamente cuan aburrida y despreocupada que era la vida en un rebaño de ovejas como el mio. Crecí con comentarios de lo más ignorantes y no es que fuera mi familia la que era una ignorante sino que todo el rebaño lo era. Menos mal que fui creciendo con mi gran imaginación y no con todo lo que pudiera oír de los demás.

Una vez, a causa de mi gran curiosidad y rebeldía , quise ir más allá de donde el rebaño había ido y ver como era el resto del mundo, y además poder comprobar si las palabras de mi pastor eran ciertas. Al salir del rebaño todas me observaban, ya que nunca ninguna se atrevió a hacerlo, entonces en ese mismo instante el perro salió disparado hacia mí y me atacó sin pensárselo dos veces, y a la vez todo el rebaño miró hacia otro lado.

Después de aquel terrible incidente lo intenté una y otra vez sin resultado diferente alguno, mi impotencia fue aún mayor cuando vi que cuando hablaba con ellas del tema ninguna me hizo caso. Pero menos mal que soy persistente y no me rindo a la primera por eso lo intenté una y otra vez con mis largos, pero para nada aburridos, discursos de lo mentiroso que era nuestro pastor ya que decía que éramos libres pero a la hora de querer separarnos nos envía al perro para que nos ataque.

Mis discursos empezaron a triunfar y con ello el rebaño empezó a razonar y ya no era yo sólo quien hacia discursos sino que más ovejas empezaron a hablar con gran sentimiento y de esa manera nos fuimos uniendo. Y cuando hablaba el pastor sobre  la libertad,  a alguna se nos escapaba algún crujir de los dientes, alguna risa o simplemente un bostezo pasotista.

Al poco tiempo ya éramos todas las ovejas las que pensábamos regularmente igual sobre que vivíamos injustamente. El perro se percató de que nos comportábamos de manera diferente a la anterior por eso se acercó a una de nuestras reuniones y preguntó:
-¿De qué habláis?
Y una con gran orgullo respondió rápidamente:
-De las grandes mentiras que nos cuenta tu amo.
El perro sin pensárselo dos veces volvió a atacar pero ahora se dirigía hacia quien le había respondido, al ver ese incidente nosotras atacamos al perro sin apenas pensarlo, como algo instintivo, a diferencia de antes, que le habrían dejado sola ante el peligro y el perro no habría huido.

Estuvimos varios días hablando de nuestra victoria contra el perro, de la fuerza que nos proporcionaba la mejor de nuestras armas, la unión, pero también hablamos de que el pastor, después de ese incidente, se había llevado al interior de una fabrica a una de nosotras, y eso fue el colmo, el ver que pasaron varios días sin salir y que posiblemente nunca más saldrían , con ese acto todo cambió nuestra rabia, y con ello nuestra fuerza, se multiplicó por cien y ya estábamos listas para vengar y destrozar ese, ahora pequeño, muro que nos separaba de nuestra libertad.

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Ahora estoy aquí entre miles de animales de miles de especies que yo desconocía por completo, sin que nadie nos vigile ni nos ataque, sin amo, respirando aire puro y disfrutando de la vida al máximo. Estoy tranquila porque aunque perdiéramos, ya que esto es una lucha constante, esta lucha perdurará hasta el fin de los tiempos y quedará marcado en la historia que destruimos lo que era conocido como utopía.

Escrito por: Jorge Cabrera Crespo y Luis Miguel Salado Navarro

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